Información a Padres y Educadores

Introduccion

El cuidado de la salud mental de niños y adolescentes se enfoca cada vez más unánimemente en la actual Psiquiatría Infanto-Juvenil como un trabajo en equipo entre psiquiatras, padres, y educadores. Familia y profesores son fundamentales no sólo a la hora de detectar comportamientos extraños o disfunciones en el desarrollo evolutivo de los niños, sino, sobre todo, para poder crear factores de protección, capaces de evitar que problemas afectivos, emocionales o de conducta puedan provocar el desarrollo de patologías.

Situaciones de mucho sufrimiento para los niños; infancias sobrecargadas de conflictos y, lo que es peor, antesalas de afecciones mayores en la edad adulta, tienen salida con la ayuda de equipos interdisciplinares, en los que el psiquiatra es elemento fundamental. Ayudar a padres y educadores a abordar estos problemas es el propósito que guía estas páginas.

La Fundación Alicia Koplowitz quiere poner a disposición de los padres y educadores una información básica, sencilla y veraz, sobre los problemas más frecuentes de salud mental en niños y adolescentes. Esta información, que ha sido elaborada por especialistas en Psiquiatría Infanto-Juvenil, pretende dar unas pinceladas que ayuden a los padres a identificar aquellas situaciones que necesitan de una intervención especializada. Se ha preparado con la idea de que los padres puedan tener una aproximación inicial a los distintos problemas que, desgraciadamente, tienen lugar con mucha frecuencia y en demasiadas ocasiones se dejan pasar como cosas del niño. Además de unas ideas generales sobre los distintos trastornos, su origen y las líneas principales de tratamiento, se facilitan una serie de enlaces con páginas de Internet cuyo contenido completo no se puede avalar, pero que han sido revisadas y se consideran básicamente adecuadas y útiles para las familias de los niños con problemas.


Agenda

  • IV Congreso Internacional Multidisciplinar sobre el Trastorno por Déficit de Atención y Trastornos de la Conducta, que tuvo lugar los días 23 y 24 de Enero en el Hospital Universitario Ramón y Cajal de Madrid.

  • VIII Curso Internacional de Actualización en Psiquiatría Infanto-Juvenil sobre la Prevención en Patología Mental, los días 7 y 8 de mayo en el Aula Magna del Hospital General Universitario Gregorio Marañón de Madrid. Conferencia Fundación Alicia Koplowitz del Profesor David Shaffer del Columbia University de Nueva York.

  • 44 Reunión Anual de la Asociación Española de Psiquiatría del Niño y el Adolescente (AEPNYA), los días 4 al 6 de junio, en la Sala de Exposiciones Baluarte de Pamplona.

  • XIII Jornada Internacional de Avances en Psiquiatría y Psicología Clínica de la Infancia y la Adolescencia, los días 11 y 12 de junio en Barcelona.

  • IV Jornada Científica de la Fundación Alicia Koplowitz, el día 24 de septiembre en el Salón de Actos de la Fundación Profesor Uría en Madrid.

  • XIII Congreso Nacional de Psiquiatría, del 19 al 23 de octubre en el Palacio de Congresos de Madrid.

Principales trastornos

  • Abuso de sustancias

  • Psicosis infantil

  • Discapacidad mental

  • Trastornos generalizados del desarrollo

  • Trastornos de ansiedad

  • Trastornos de aprendizaje

  • Trastornos afectivos

  • Trastornos de comportamiento

  • Trastorno obsesivo-compulsivo

  • Trastornos de la conducta alimentaria

  • Trastornos por déficit de atención e hiperactividad

La psiquiatria y los niños

No siempre el camino hacia la edad adulta se hace sin problemas, aunque la mayor parte de las personas recorren este tramo de su vida sin especiales tropiezos, más allá de las circunstancias propias del desarrollo evolutivo. En ocasiones, sin embargo, los niños se enfrentan a dificultades, perturbaciones afectivas, alteraciones de conducta, bloqueos emocionales o problemas de relación o aprendizaje que desbordan las pautas de "normalidad" de la mayoría.

Desgraciadamente, además de dificultades o crisis vitales, de mayor o menor importancia para su desarrollo, los niños y adolescentes pueden ser víctimas de enfermedades mentales, de la misma manera que pueden enfermar del resto del cuerpo.

¿Cómo distinguen unos padres o profesores a un niño con trastornos psiquiátricos de un niño que simplemente atraviesa los problemas normales de su edad? ¿Cuándo debemos preocuparnos los padres ante conductas "extrañas" de nuestros hijos? ¿Cuándo acudir al médico o al psiquiatra en busca de ayuda?

Durante años parecía que hablar de problemas de salud mental en niños y adolescentes era casi una exageración. Factores familiares, sociales, educacionales, culturales, etc. se consideraban causa suficiente para determinados comportamientos o disfunciones actualmente identificadas como afecciones médicas, en las que con frecuencia concurren factores de base orgánica o hereditarios.

Hoy en día, a pesar de que España es el único país europeo que no reconoce oficialmente esta sub-especialidad médica, la necesidad de una psiquiatría infanto-juvenil ya no está en cuestión: se conoce la importancia de los factores orgánicos en los problemas psiquiátricos y se sabe también que hay trastornos que sólo se pueden diagnosticar y remediar en la infancia, una etapa de la vida en que las personas son más plásticas, más moldeables, más dúctiles, más flexibles al cambio.

Trastornos del desarrollo y el aprendizaje, trastornos evolutivos, ansiedades específicas de la infancia o carencias en las relaciones más tempranas pueden desembocar o no en trastornos psiquiátricos al llegar a la edad adulta, según se aborde precozmente el tratamiento de estas patologías. Incluso en los casos de trastornos de origen orgánico y patologías con continuidad en la edad adulta, la intervención en la infancia puede suponer una importante mejora en la calidad de vida del niño o adolescente.

Pero con los niños el diagnóstico del psiquiatra nunca es suficiente; la intervención médica y farmacológica puede ser esencial en algunos casos, pero siempre se hace necesario abordar los problemas desde una perspectiva integradora, con un enfoque multidisciplinar en que se impone la participación de padres y educadores. La familia siempre es relevante, no sólo como elemento causal de algunos trastornos, sino como factor importantísimo, en todos los casos, en el curso y la evolución del niño, máxime cuando en los muy pequeños, que no tienen aún capacidad de conocimiento o de comunicación, los problemas emocionales, de aprendizaje u otros, se pueden presentar en forma somática o de comportamiento.

La intervención básica en tratamientos infantiles ha de realizarse, pues, fundamentalmente a través de los padres, que en ocasiones han de modificar estilos de crianza y educativos para lograr solucionar algunos problemas.

La patología psiquiátrica grave de la infancia y adolescencia necesita de profesionales expertos en la materia. Trastornos como el autismo, la anorexia, las psicosis, presumiblemente severos y de larga duración, necesitan intervenciones especializadas y tempranas. Se sabe que en cualquiera de estos trastornos, la aceptación y conocimiento por parte de las familias y la intervención extensiva y temprana, pueden mejorar sustancialmente la evolución. La negación de patologías tan graves sólo puede revertir en un trato insuficiente, erróneo o tardío.
)Afortunadamente, la mayor parte de la patología psiquiátrica infanto-juvenil no es tan dramática. Aún así, los problemas psicológicos y psiquiátricos de los niños son siempre importantes, por ocurrir en una edad en que se sientan las bases de la personalidad futura. De ahí la relevancia de no privar de ayuda a los niños con dificultades, respetando la fuerza de su capacidad madurativa y adaptativa, pero también identificando y favoreciendo un desarrollo lo más normalizado posible. Sabemos que algunos trastornos, como por ejemplo el trastorno por déficit de atención e hiperactividad, pueden tener una evolución hacia la normalidad total en la vida adulta, o bien evolucionar negativamente hacia trastornos de conducta, de personalidad, de abuso de sustancias, etc. Esta evolución diferencial depende de muchos factores, algunos individuales del propio niño, otros del entorno y oportunidades, y otros del tratamiento. Sabemos también, que algunos de estos trastornos son tremendamente agradecidos a la intervención precoz, que puede modificar su curso de una manera significativa.

Los educadores, desde su privilegiada plataforma de observación y seguimiento, son protagonistas imprescindibles para identificar y abordar adecuadamente los problemas de los niños y adolescentes a su cargo, con quienes conviven en su actividad escolar.

Problemas aparatosos, que afectan al normal desarrollo de la actividad, a veces son fácilmente detectables en el entorno educativo y si se tratan adecuadamente, no revisten mayor gravedad. El mejor modo de conocer el desarrollo infantil es estar con los niños mientras crecen. Guarderías, colegios e institutos son excelentes observatorios de la conducta infantil y todo profesional de la educación sabe que muchos comportamientos que son normales a unas edades, dejan de serlo a otras. La proximidad y el conocimiento del proceso evolutivo; saber qué comunican niños y adolescentes con distintos síntomas; apreciar la diferencia entre lo que son simples pasos evolutivos o escollos graves para su desarrollo, son algunos de los aspectos que convierten al educador en aliado imprescindible de padres, psicólogos y psiquiatras.

La colaboración de psiquiatras, padres, y educadores adquiere especial relevancia, no sólo a la hora de detectar comportamientos extraños o disfunciones educativas y familiares sino, sobre todo, para poder crear factores protectores, capaces de evitar que problemas afectivos, emocionales o de conducta puedan provocar el desarrollo de patologías.

Una identificación adecuada de éstos, en los que inciden tanto factores de riesgo personales y temperamentales, como ambientales, permite realizar un trabajo de compensación que evite mayores perturbaciones. Futuras reincidencias, cronificación de los problemas o deriva hacia circunstancias evolutivas de mucho sufrimiento en las primeras etapas de la existencia serían evitables en muchas situaciones.

Infancias sobrecargadas de conflictos y, lo que es peor, antesalas de afecciones mayores en la edad adulta, tienen salida con la ayuda de equipos interdisciplinares, en los que el psiquiatra es elemento fundamental. Perder el miedo a consultarles y romper el prejuicio que todavía estigmatiza al paciente psiquiátrico, son asignaturas pendientes para mejorar la calidad de la salud mental de nuestra infancia.

Con esta página Web la Fundación Alicia Koplowitz quiere contribuir a mejorar esta situación y prestar su apoyo a padres y educadores.